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sábado, julio 31, 2021

“En Quindío no hay cultivos ilícitos” pero la droga por la que se mata la gente ¿cae del ‘cielo’?

POR DAVID SALAZAR

El ministro de Defensa Diego Molano Aponte aseguró en su visita al barrio La Esmeralda de Circasia, hace unos días, que en el Quindío no hay cultivos ilícitos pero que la mayoría de asesinatos en la región suceden por el tráfico de estupefacientes.

Entonces… la pregunta Reina es, ¿cómo llegan las drogas al departamento? y, ante esta, el alto funcionario respondió que nuestro territorio sufre por ser un corredor vial de los delincuentes que la transportan.

Sería esta última expresión un autogol entre los gobiernos nacionales y departamentales porque una de las banderas de la Policía Quindío, en los videos institucionales, es la incautación de alucinógenos que pareciera que no bastara o, es muy poca, a pesar de los reportes de toneladas y toneladas confiscadas en los últimos meses en el departamento.

Las dos masacres de lo últimos cuatro meses en los cascos urbanos de Armenia y Circasia se dieron por la guerra entre estructuras crim,inales por el control del tráfico de sustancias psicoactivas que no se producen en la región pero que sí llegan o transitan por estas vías.

Aunque y según Molano Aponte, por el Quindío, de los ‘camionados’ de drogas que van para el centro del país y para la Costa Atlántica, se quedarían algunas `cajitas´ con la “mata que mata” y el “polvo mágico”.

No será que un destino final de los Grupos Armados Organizados, GAO, como el Ejército de Liberación Nacional, ELN, o el Grupo Armado Organizado, Residual, Gaor, de las disidencias de las Farc, es desembocar los estupefacientes en las estructuras delincuenciales de las calles y zonas rurales del Quindío.

Si la anterior hipótesis fuera realidad, entonces sí hay presencia de guerrilla en la región, y no como nos quedó en el imaginario histórico nacional, que la presencia es sinónimo de campamentos, ‘Pescas Milagrosas’ o patrullajes de los terroristas, sino que de manera moderna y ambiciosa, están de una forma no presencial, lo que se llama en semiótica, la presentificación de la ausencia, un fenómeno delictivo posible.

Es entonces un musculo financiero y al margen de la ley, la articulación entre los grupos delincuenciales, como Los Killers de alias Nené y Los Ibéricos de alias ‘Raúl’, y las grandes estructuras delictivas, al parecer, del sur del país, en departamentos como Cauca o Nariño, donde supuestamente y según las autoridades, hay que fumigar con glifosato por la presencia de los cultivos ilegales de la cocaína y el cannabis.

En palabras castizas: Allá la cultivan, desde allá la transportan y llegarían al Quindío como “encomiendas” para que en los barrios y zonas rurales las expendan.

Después, los dineros se irían, al parecer, desde bandas de barrios, a sus integrantes y a los productores, en las zonas donde el gobierno nacional no ha podido poner sus “huevitos” en los departamentos donde sí hay campamentos y armados uniformados al servicio de la delincuencia.

La preocupación sería mayor porque no solo serían las drogas, sino también las armas de fuego con las que cuidarían el negocio ilícito matando a diestra y siniestra, de a uno, pero también de a 4 y de a 5 como se registró en los barrios La Fachada y La Esmeralda en Armenia y Circasia, respectivamente.

Somos un territorio de paz, sí, somos gente de paz, sí, pero las autoridades deben crear un conjunto de actividades que incauten las drogas y las armas mucho antes de llegar al Quindío, cortando el problema de raíz y no superficialmente con las capturas y desarticulaciones de bandas delincuenciales que se van de paseo a las cárceles.

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